Empieza
la campaña de 2016
La
pasada semana, el complicado sistema político norteamericano celebró
elecciones varias. Las más importantes fueron las de Nueva Jersey y
las de Virginia, que eligieron gobernador, y la de Nueva York, que
eligió alcalde. Los demócratas mantuvieron este nivel de poder
territorial, con sendas victorias contundentes en Virginia, donde
Terry McAuliffe ganó al candidato del Tea Party, y sobre todo en
Nueva York. Allí, Bill de Blasio tuvo un gran triunfo sobre su rival
republicano, y le dio al partido del presidente la alcaldía de la
Gran Manzana tras 20 años de poder republicano e independiente.
Mientras
tanto, el Partido Republicano consiguió mantener el gobierno de
Nueva Jersey, con el gobernador Chris Christie, la estrella del GOP,
que seguirá al frente del ejecutivo del estado durante por lo menos
cuatro años más. Christie es el republicano con más opciones de
ser el candidato presidencial en 2016, y por ello ha sido tan
importante la victoria del gobernador. Christie pertenece al lado más
moderado de su organización política, frente al Tea Party, que
tiene a los senadores Ted Cruz y Rand Paul como mayores
representantes. Del equilibrio entre las dos almas que conviven
dentro de los republicanos depende el triunfo en las presidenciales
de 2016.
El
Partido Demócrata pasará en 2016 por el trago de tener que elegir a
un nuevo candidato, tras los 8 años de Obama, que se cumplirán ese
año. Las encuestas favorecen a la que fuera primera dama desde 1993
a 2001, Hillary Clinton, derrotada por Obama en las primarias de
2008. Aún es muy pronto para que las candidaturas se declaren, sin
embargo, la ex – secretaria de Estado ya ha mostrado su interés en
ello. El otro favorito es el vicepresidente Joe Biden. Entre Hillary
y Biden, la favorita es la esposa del 42º Presidente de los Estados
Unidos.
Lo que
necesita Estados Unidos no es tener un presidente que reanude las
diferencias entre los ciudadanos del país. Tanto si es demócrata
como si es republicano, el próximo presidente, que será el número
45, deberá acercarse al centro y a la moderación. La pujanza del
Tea Party le puede restar muchos votos al Partido Republicano. Los
ciudadanos se han ido dando cuenta de que esa opción no es positiva
para el futuro ni para la visión exterior del país. Los demócratas,
por su parte, han tenido dos épocas relativamente exitosas con
Clinton y Obama, y la elección de un candidato debería observar esa
particularidad.
En
este momento, el escenario más probable es el de unas elecciones
entre Hillary Clinton como candidata demócrata y Chris Christie como
candidato republicano. Sería curioso, puesto que sería la primera
mujer candidata a la presidencia, y el primer obeso candidato a la
presidencia desde William H. Taft, como señalaba recientemente un
artículo. Los sondeos favorecen a Clinton, pero queda mucho para la
campaña. Solamente cabe desear que el tiempo que queda para entonces
sea lo más civilizado posible, pues en ello nos va mucho también en
Europa. Al fin y al cabo, el presidente de los Estados Unidos es el
líder del mundo libre.
Nueva
mayoría y amplia victoria para Bachelet
Haciendo
realidad el nombre de su coalición, Nueva Mayoría, Michelle
Bachelet Jería, presidenta de Chile de 2006 a 2010, logró el pasado
domingo una apabullante victoria electoral en la primera vuelta de
las presidenciales. Obtuvo un 46% de los votos. Aunque no se
consiguió el objetivo de ganar por mayoría absoluta, la izquierda
infligió una dolorosísima derrota a la candidata conservadora, la
ex – ministra Evelyn Matthei, que a pesar de lograr pasar a segunda
vuelta, vio cómo solamente obtenía un 25% de los votos. La segunda
vuelta, conocida en el país como “balotaje”, entre Bachelet y
Matthei, se celebra el próximo 15 de diciembre, y en ellas es
previsible que el resultado se repita. Sería muy raro que Michelle
Bachelet no regrese al Palacio de la Moneda, la sede del gobierno.
La
constitución chilena no permite la reelección inmediata, hay que
esperar cuatro años para optar a ser reelegido. Por ello, no se ha
repetido el duelo de 2005 entre Bachelet y el actual presidente
Sebastián Piñera, conservador, que derrotó en 2009 al candidato de
la Concertación, Eduardo Frei Ruiz – Tagle. La candidata
progresista, hija del militar Alberto Bachelet, leal al presidente
Salvador Allende, y fallecido tras las torturas a las que fue
sometido por la dictadura de Pinochet, abandonó en 2010 la
presidencia con unos magníficos niveles de apoyo, y los ha logrado
mantener estos años, en los que ha liderado ONU Mujeres y ha
regresado a su país entre grandes expectativas. Ha sido capaz de
liderar la voladura controlada de la Concertación, la plataforma de
partidos que promovió el “no” en el referéndum que echó a
Pinochet, y ha ampliado la vieja alianza a nuevos partidos que
conforman la Nueva Mayoría.
Enfrente,
ha estado Evelyn Matthei, hija de otro militar, Fernando Matthei,
amigo de Alberto Bachelet, aunque favorable a la dictadura. Matthei
ha sido el parche de urgencia para una Alianza, la coalición
conservadora, que se encontró de la noche a la mañana sin
candidato, después de que Pablo Longueira, el vencedor de las
primarias presidenciales, renunciara por un cuadro de depresión. La
ministra de Trabajo se hizo entonces cargo de intentar prolongar la
presidencia de Piñera. Pero entró tarde en campaña, cuando
Bachelet ya llevaba tiempo en la carrera, y poco tuvo que hacer. Ha
salvado la honra pasando a la segunda vuelta, pero a nadie se le
escapa que Evelyn Matthei ha sido la perdedora de este primer duelo
femenino por la presidencia de la república.
El
resto de los 9 candidatos se han repartido las sobras. El político
izquierdista Marco Enríquez- Ominami, cuyo magnífico resultado en
2009 evitó que Eduardo Frei ganara a Sebastián Piñera, venció en
el esprint final a la revelación de estas elecciones, el empresario
Franco Parisi, que concurrió como independiente, y mantiene un gran
tercer puesto, pese a haber perdido mucho terreno en 4 años. Los
comunistas, integrados en la Nueva Mayoría, han subido mucho, y se
especula con que podrían entrar en el gobierno de Bachelet, quien
les hizo guiños en su anterior etapa como presidenta, y ahora
también. Una de las militantes comunistas elegidas como diputadas ha
sido Camila Vallejo Dowling, que lideró los movimientos
estudiantiles de 2011 contra el ejecutivo de Piñera. Vallejo votó
con Adela, su hija recién nacida, en brazos.
La
candidatura de Bachelet prometió tres grandes reformas: una
constitucional, otra educativa y otra tributaria. La constitución
chilena fue aprobada en 1980, por Augusto Pinochet, y ha sido
enmendada en numerosas ocasiones. Pero sin embargo, en esta ocasión,
tanto Bachelet como Matthei han prometido la redacción de una nueva
Carta Magna completamente nueva. A este respecto, lo que parece
evidente es que un elemento tan importante y sensible solamente puede
acometerse con una estricta mayoría de ambos partidos y de otros
tantos, tanto si hay como si no hay mayoría clara tras la primera
vuelta.
Éstas
han sido las primeras elecciones en las que no ha sido obligatorio
votar en Chile. Pese a ello, la salud democrática de un país que
vio morir a uno de sus más valerosos presidentes, Salvador Allende,
y que estuvo años enterrado bajo la losa de un régimen dictatorial
asesino y que coartaba todas las libertades, sigue estando al día.
Por ello, gane quien gane dentro de un mes, y aunque esto parezca una
perogrullada, será el triunfo de la democracia, que cada elección
crece.
YPF
y otros cuentos de miedo
La
llegada del viceministro de Economía argentino Axel Kicillof al
puesto de máxima responsabilidad del país porteño se ha visto con
mucho escepticismo desde Europa, y en especial desde España. Su
pertenencia a la Cámpora, el grupo juvenil del kirchnerismo,
dominado por Máximo, el hijo del matrimonio presidencial, llamado a
ocupar en un plazo no muy lejano la Casa Rosada de Buenos Aires, ha
provocado que analistas de todos los colores definan su nombramiento
como ministro como un sectarismo por parte de la presidenta de la
Nación argentina.
Es
cierto que CFK, en su regreso a la política activa después de un
tiempo de baja por la operación a la que fue sometida para
eliminarle un coágulo en el cerebro, ha hecho una reforma política
de su ejecutivo buscando reforzar su posición, tras la última cita
electoral en que el oficialismo ha sufrido una pérdida de poder a
manos del ex – kirchnerista Sergio Massa, que se presenta como el
principal rival de la presidenta para una posible elección
presidencial.
Fernández
de Kirchner ha vuelto a la arena con fuerzas renovadas, y con muchas
ganas de trabajar, y ha elegido a pesos pesados del partido para este
cambio de caras. Además de Kicillof, la presidenta ha cambiado su
jefe de gabinete, nombrando para ese puesto al gobernador de la
provincia del Chaco Jorge Capitanich. Capitanich ya ocupó esa
posición durante la breve presidencia de Eduardo Duhalde. El
oficialismo gana por tanto peso en la composición del ejecutivo,
para el cual han sido elegidas personas cercanas a la jefa de Estado.
El
criticismo general que en España se tiene por los regímenes de
América Latina es especial en el caso de Argentina, puesto que, si
bien no tragan a Cristina Fernández, el potencial comercial que
tiene el país porteño es absolutamente innegable, y los acuerdos a
los que se podría llegar son muy variopintos. Sin embargo, las
cordiales relaciones entre ambos países sufrieron una importante
ruptura en mayo de 2012, cuando el gobierno argentino decidió
nacionalizar el 51% de la petrolera YPF, que formaba parte de Repsol.
El artífice de dicha operación fue el hoy ministro Axel Kicillof.
Las
noticias que ponían a Kicillof de marxista para arriba se
sucedieron, tanto en los medios más tradicionalmente conservadores
como en aquellos de tendencia más progresista. La expropiación de
YPF provocó que el presidente de Repsol, Antonio Brufau,
desacreditara a los responsables del gobierno argentino y pidiera una
disparatada compensación económica por el hecho, y que el entonces
viceministro de Economía afirmase que la tasación de la empresa era
menor. Hubo un cruce de acusaciones entre los dos hombres, que
terminó sin resultado positivo para Repsol, y con el Gobierno de
Rajoy anunciando que se plantearía romper las relaciones con
Argentina.
Pese a
todas las críticas recibidas, hoy, año y medio después de aquella
polémica medida, Axel Kicillof, convertido ya en máximo responsable
de las finanzas de su país, ha cerrado la famosa indemnización a
Repsol, que ascenderá a 5000 millones de dólares, esto es, 3700
millones de €, la mitad de lo que Brufau pedía en 2012. Kicillof,
desacreditado por muchos para ejercer responsabilidades por su
supuesto sectarismo, se apunta una semana después de recibir la
cartera económica el tanto de cerrar la herida abierta entre la
principal petrolera española y su país. Al final, Argentina se
queda con YPF y Brufau, que por su parte se agarra al sillón de
poder con uñas y dientes, consigue su dinero. Todos contentos.
Las
críticas al sistema político que ha cuajado en Argentina desde el
corralito financiero de 2001 son múltiples, pero en muchos casos se
basan en la ignorancia. Todos recordamos las vergonzosas imágenes
del entonces presidente Fernando de la Rúa abandonando el país en
helicóptero durante las protestas, la sucesión de 4 presidentes en
el plazo de dos semanas, y las elecciones de 2003, en las que el país
votó mayoritariamente en primera vuelta al ex – presidente Carlos
Menem, que decidió no concurrir a la segunda vuelta por los
escándalos de corrupción que le acuciaban. Tras esto, la Junta
Electoral nombró presidente al otro candidato, el gobernador del
estado de Santa Cruz Néstor Carlos Kirchner.
Muchos
han afirmado que el hecho de que tanto el difunto Kirchner como su
esposa usen el apellido político “peronista” es un error. Se
puede discutir acerca de ello. Pero lo absolutamente innegable es que
Argentina se encontraba en el año 2001 en una pésima situación
económica, política y social, y que la valiente gestión de
Kirchner les salvó del abismo. La economía porteña se ha
recuperado en gran parte gracias a las acciones llevadas a cabo por
el presidente Néstor Kirchner, acciones y medidas que son
permanentes.
El
kirchnerismo, es cierto, se aja con el paso del tiempo. La aparición
de viejos correligionarios de la presidenta que como Massa han
abandonado sus filas para engrosar las de la oposición aumenta las
diferencias internas. Otros, todavía en la órbita del Frente para
la Victoria, esperan agazapados su oportunidad. Es el caso del actual
gobernador de Buenos Aires y ex – vicepresidente Daniel Scioli, que
suena como candidato oficialista en caso de que no prospere la
reforma constitucional necesaria para que CFK logre su segunda
reelección. Y finalmente está Mauricio Macri, uno de los hombres
más ricos de Argentina, alcalde de Buenos Aires, ex – presidente
de Boca Juniors, y líder del conservador Propuesta Republicana.
Todos
estos candidatos están dominados de una forma u otra por la actual
situación. El kirchnerismo ha sido durante 10 años la forma de
hacer política, y sería muy extraño que dicha tendencia
desapareciera próximamente. En todo caso, si Cristina Fernández de
Kirchner no consigue el plácet para reformar la Carta Magna, muchos
ojos se pondrían en Axel Kicillof, el flamante ministro de Economía,
como “guardián de las esencias” de la ideología justicialista
en el país.
No
sería tan extraño que Kicillof fuera el próximo compañero de
fórmula de la presidenta. Hasta ahora no ha tenido suerte. Su primer
vicepresidente, Julio Cobos, traicionó a la presidenta votando en
contra de las reformas del sector agropecuario, y se mantuvo el resto
de la legislatura en el cargo pese a que la presidenta se enemistó
con él. En 2011, Cobos fue sustituido por el ministro de Economía,
Amado Boudou, que fue electo vicepresidente, y que ha ocupado la
presidencia en funciones por la dolencia de la presidenta. Sin
embargo, Boudou está en jaque por los procesos abiertos contra él.
Tal vez a la tercera vaya la vencida, y CFK elija a Kicillof. O
Kicillof sea el que sustituya a Cristina en la cabeza de cartel.
Letta,
ante el ojo de la historia
El
primer ministro italiano Enrico Letta ha vivido este 1 de enero el
que ha sido su primer, y previsiblemente único, comienzo de año en
el Palazzo Chigi de Roma, la sede de la presidencia del ejecutivo del
país. 2014 volverá a sacar muy probablemente la jefatura del
Consejo de Ministros a concurso, y este antiguo miembro de partidos
moderados como la Democracia Cristiana o La Margherita no será
cabeza de cuartel de su actual formación, el Partito Democratico.
Tampoco lo fue en las elecciones de 2013, cuando el candidato del PD,
el ex – comunista Pierluigi Bersani, tuvo una victoria menos clara
y contundente de lo esperado, y que abocó al país a una previsible
ingobernabilidad.
Entonces,
tras fallar todos sus intentos para formar gobierno, el presidente de
la República, un anciano de 88 años llamado Giorgio Napolitano, que
pese a su edad controla todo lo referente a la política de su país,
eligió a Letta, sobrino de uno de los principales colaboradores de
Silvio Berlusconi, Gianni Letta, para formar un gobierno de
concentración. Letta, de un talante más conservador que el vencedor
vencido Bersani, salió de una terna de políticos moderados del PD
en la que también estaban el ex – primer ministro Giuliano Amato,
que ya dirigió un ejecutivo tecnócrata, y el alcalde de Florencia.
El acuerdo de amplio espectro al que se llegó incluyó al PD, al
Popolo della Libertà de Berlusconi, y a Scelta Civica, la formación
del primer ministro saliente Mario Monti.
Berlusconi,
de nuevo dueño del gobierno, no fue elegido ministro, pero impuso a
su delfín, Angelino Alfano, como viceprimer ministro y ministro del
Interior, o lo que es lo mismo, número dos del primer ministro
Letta. El resto de carteras se repartieron de manera casi igualitaria
entre el centro izquierda y el centro derecha. Algún ministro del
gobierno tecnócrata de Monti repitió, aunque no en las mismas
posiciones. La antigua responsable de Exteriores, la política
radical Emma Bonino, retomó su antiguo ministerio. Otros muchos se
estrenaron. Especial fue el caso de la ministra Nunzia de Girolamo,
del PDL, pero casada con un diputado del partido contrario. Una
alegoría de esa unión que se pretendía promover.
El
acuerdo parecía destinado al fracaso más absoluto, porque a nadie
se le escapaba que “Il Cavaliere” tenía la llave del gobierno, y
probablemente acabaría haciendo lo mismo que con el de Monti:
hacerlo naufragar cuando las encuestas le favorecieron. Sin embargo,
la política hace extraños compañeros de viaje, y Alfano cambió de
querencia, convirtiéndose en la mano derecha de Letta. Ambos
políticos, no tan lejanos ideológicamente, se unieron para sacar a
Italia del ‘impasse’ y la coalición empezó a funcionar. Lo
mejor que podía decirse de aquello era que el gobierno seguía vivo.
Sin embargo, las cosas mejoraron, y el ejecutivo estabilizó la
situación.
El a
priori improbable gobierno aguantó hasta el chaparrón más grande y
por otra parte más predecible: la retirada del apoyo al mismo de un
Silvio Berlusconi acechado por las causas contra él, y a la vez la
obligación de dimisión de todos los ministros del partido
conservador. Letta, gracias al apoyo de un Alfano que no participaba
de los desvaríos de su otrora referencia, rechazó aquellas
dimisiones, y consiguió forzar un voto de confianza en el Senado, la
única cámara en que la mayoría progresista es más dubitativa. El
gobierno Letta consiguió la confianza con la mayoría de los votos,
incluso el de un derrotado Berlusconi, que prefirió sumarse al pacto
antes de quedarse solo, después de que muchos de sus
correligionarios optaron por no hacer caer al gobierno, lo que por
otra parte era lógico.
La
expulsión de Silvio Berlusconi del Senado tras su condena en firme
ha sido el último capítulo de la historieta barata en que se ha
convertido la política italiana desde que en los años 90 este
magnate de la comunicación diera el salto a la misma, y la embarrase
hasta niveles insospechados y vomitivos. Otorga cierta tranquilidad y
legitimidad al gobierno, y en particular a Letta, que ha podido
afrontar con calma el fin de año y el comienzo de 2014. Pero cuando
él pensaba que aguantaría sin problemas, y que podría seguir
realizando los ajustes marcados por Europa, llegó el cambio en su
partido, y con ello el comienzo del fuego amigo.
El
Partito Democratico, fundado en 2007 tras la desaparición de
L’Ulivo, el partido de Romano Prodi, venció las elecciones, pero
fue una victoria amarga. El ascenso inesperado de Berlusconi y la
llegada del Movimento 5 Stelle, la antipolítica absurda liderada por
el cómico Beppe Grillo, privó a Bersani de acceder a la presidencia
del gobierno. En un gesto de coherencia inédito, el líder
progresista decidió dimitir de todos sus cargos una vez no venció
en la investidura. Tras ello, el líder sindical Guglielmo Epifani
tomó las riendas de la formación hasta la elección de un nuevo
secretario general. La elección se postergó hasta el pasado mes de
diciembre, cuando, como se esperaba, Matteo Renzi, alcalde de
Florencia, logró una victoria contundente, por más del 60% de los
votos en primera vuelta, y se convirtió en el nuevo líder del
centro izquierda italiano.
Lo
cierto es que, pasada la fascinación por un político que consigue
tamaña victoria, la figura de Renzi se aleja bastante de la
izquierda tradicional. Catalogado como moderado, el regidor de la
principal ciudad toscana declaró que era parte de una generación
cuyo máximo objetivo no era ver a Berlusconi en la cárcel. Renzi ha
sido elegido unánimemente como líder del Partito Democratico en
gran parte por el desencanto tras las pasadas elecciones. Una simple
vista atrás sirve para constatar que este alcalde no fue siempre
adorado por las bases de su partido.
El
partido celebró elecciones primarias en el invierno de 2012 para
elegir al candidato que liderase las listas. Bersani se presentó, y
le hizo frente Renzi, del que se decía que tendría más
posibilidades en un enfrentamiento contra Berlusconi. Sin embargo,
los votantes hicieron gala de una coherencia ideológica, haciendo
ganar al candidato que mejor representaba los ideales del partido en
aquel momento antes que al que más posibilidades tenía. La crisis
sufrida por el PD tras el adiós de Bersani ha aupado a la primera
fila a Renzi. Pero el trabajo que tiene por delante es igualmente
importante.
La
bicefalia ha quedado instalada en el partido del gobierno italiano,
con Letta en el Palazzo Chigi y Renzi al frente del mismo. La
responsabilidad del nuevo líder de la izquierda italiana es doble,
por la contundencia con la que ha sido elegido y por la necesidad de
una auténtica agenda de gobierno que pueda mantener al PD en el
ejecutivo próximamente. A nadie se le escapa que el alcalde de
Florencia se ha convertido en secretario general del Partito
Democratico porque sabe que es el italiano que más probabilidades
tiene de convertirse en primer ministro.
La
derecha ha quedado oficialmente partida entre los seguidores de
Berlusconi, que alguno queda, y los que han preferido unirse a su
antiguo protegido, Alfano. Tras el fracaso de la operación de ‘Il
Cavaliere’ para hacer colapsar el gobierno de coalición, la marca
electoral con la que los conservadores concurrieron a las pasadas
elecciones, el Popolo della Libertà, desapareció, dando paso a dos
formaciones independientes, la eterna Forza Italia de Berlusconi y el
Nuovo Centro Destra, de Angelino Alfano, al que se han adscrito todos
los ministros que forman parte del ejecutivo de Letta. En medio de
ellos, está el cómico Beppe Grillo, que subió como la espuma en
las pasadas elecciones, pero que parece disolverse como un azucarillo
con el paso de los meses. Parece claro que simplemente fue una
reacción algo extraña de un pueblo harto de los políticos.
La
crisis de la derecha política le hizo ganar a la izquierda uno de
los feudos más importantes perdidos a manos de Berlusconi: la
alcaldía de Roma. En mayo de 2013, el médico Ignazio Marino, del
PD, derrotó de forma contundente, por 27 puntos porcentuales, al
alcalde Gianni Alemanno, uno de los fieles de ‘Il Cavaliere’. El
centro izquierda recuperaba de esta manera el puesto perdido por
Walter Veltroni en 2008, cuando se vio obligado a dimitir para
enfrentarse a Berlusconi en las generales, que perdió, lógicamente.
Ganando Roma, hay alcaldes de izquierda en las principales ciudades
de Italia: Milán, Florencia y Venecia.
Sin
embargo, no hay que perder de vista que Silvio Berlusconi es un ave
fénix. Muchísimas veces se le ha dado por neutralizado, y él se la
ha arreglado para regresar siempre a la arena política, y volver a
convertirse en primer ministro. Por eso no hay que bajar la guardia.
Ciertamente, si la derecha italiana sigue dividida entre Forza Italia
y Nuovo Centro Destra, y concurre de esta manera a las elecciones,
Matteo Renzi será muy probablemente el ganador de esas elecciones.
Pero no sería de extrañar que de pronto Berlusconi y Alfano
firmasen una tregua y concurriesen a las elecciones juntos.
A
mediados de los 90, un escándalo de corrupción llamado Tangentopoli
acabó con el sistema político tradicional de alternancia política
en Italia. Muchas veces en los años posteriores, se ha hablado de un
nuevo Tangentopoli. La responsabilidad de Enrico Letta con la
historia es tener un liderazgo firme y permitir que el país continúe
estable dentro de la gravedad. Tras el Tangentopoli, llegó Silvio
Berlusconi. Un nuevo Tangentopoli tendría resultados terroríficos
para el país transalpino.
El
antisemitismo, asignatura pendiente
Se
podría empezar este artículo emulando al Manifiesto Comunista de
Marx y Engels, que afirmaba que un fantasma recorría Europa, y ése
era el comunismo. Lo cierto es que muchos años después, un fantasma
recorre Francia, y es el del antisemitismo. Esta lamentable
tendencia, consistente en atacar a la religión judía y a sus
tradiciones, tuvo un precedente de triste memoria en nuestro
continente, con el régimen nacionalsocialista, que tenía como uno
de sus pilares el odio a los judíos. El Holocausto fue la solución
final, el último paso de aquella peligrosa escalada. Desde entonces,
Europa tiene miedo de que pueda reaparecer.
Y lo
cierto es que ha aparecido, aunque en niveles más reducidos a priori
que en el caso de Hitler. Es el caso del humorista francés de origen
africano, raza negra y religión musulmana Dieudonné Mbala,
condenado en hasta siete ocasiones por incitar al odio. Dieudonné ha
ganado muchísima visibilidad tras inventar la ‘quenelle’, un
saludo consistente en extender el brazo derecho y abrazarse cerca del
hombro con la mano izquierda. El creador del símbolo afirmó que se
trataba de un corte de mangas al sistema, mientras que los críticos
afirmaban que no, que lo que realmente se veía era un saludo nazi
invertido.
El
momento de mayor fama de ese saludo se produjo a finales de
diciembre, cuando el delantero Nicolas Anelka, conocido en España
por haber jugado brevemente en el Real Madrid y militando ahora en el
West Bromwich Albion británico, celebró un gol ante el West Ham de
esta manera. Anelka es amigo confeso de Dieudonné, y le dedicó ese
gesto. La ministra francesa de Deportes Valérie Fourneyron calificó
en Twitter de provocación asquerosa el gesto del delantero Anelka.
Sin
embargo, la ofensiva del gobierno presidido por François Hollande
contra el cómico le ha dado notoriedad, y muchas personas repiten el
gesto por toda Francia como una forma de apoyo al que consideran
víctima de una persecución. El último capítulo de esta historia
se produjo ayer, cuando el ministro del Interior, Manuel Valls,
consiguió reunir al Consejo de Estado de urgencia, y este organismo
volvió a dar validez a la decisión de Interior de anular la
actuación de Dieudonné Mbala en Nantes, decisión revocada por el
Tribunal Administrativo de Nantes. El Consejo de Estado justificó
la decisión defendiendo el orden público y la necesidad de “evitar
un atentado contra la dignidad pública”.
Dieudonné
Mbala es un hijo de su tiempo. Nacido y criado en una ‘banlieue’
parisina, el humorista es un musulmán declarado, así como un
ferviente partidario del ultraderechista Front National. No es de
extrañar, puesto que el que fuera líder durante muchos años del
partido y padre de la actual presidenta de la formación, Jean –
Marie Le Pen, siempre ha defendido el uso del velo integral como
tradición religiosa, lo cual ha motivado que muchas personas
pertenecientes a la minoría islámica en Francia hayan votado
mayoritariamente al FN.
Su
estilo cómico ha provocado que tenga muchos adeptos, que hoy pueden
ver en la ofensiva del gobierno una persecución contra ese
colectivo. Nada más lejos de la realidad, aunque sí es cierto que
el PS, hundido en las encuestas, está preocupado por el avance de la
formación populista y ultra de Marine Le Pen, que está por delante
en los sondeos para las próximas elecciones europeas que se van a
celebrar esta primavera, y que por ello está utilizando todos los
mecanismos del estado para acabar con lo que Valls ha llamado “la
mecánica del odio”.
El
vicepresidente del FN, Florien Philippot, atacaba en diciembre a
Manuel Valls por hacer todo lo posible por suspender los actos de
Dieudonné, afirmando que se trataba de un elemento preocupante para
las libertades públicas. Pero la verdad es que el ministro no deja
de tener razón cuando afirma que las provocaciones que el humorista
vierte en todas y cada una de sus actuaciones ya no pertenecen a la
dimensión creativa, sino que alientan el odio contra los judíos,
otra vez.
Existe
un principio universal que afirma que la libertad de uno termina
donde empieza la del otro. Las libertades públicas deben ser
garantizadas en todas las sociedades democráticas, pero las de
todos. Las palabras de Dieudonné, como afirmaba el ministro del
Interior, no entran dentro de su libertad, sino que agitan de nuevo
el fantasma del miedo que tanto le gusta al partido al que él apoya.
Es cierto que Valls también ha agitado este miedo durante mucho
tiempo, atacando a los gitanos rumanos, y estas medidas son tan
censurables como lo defendido por los antisemitas. Pero también es
cierto que su labor va en beneficio del bien y del sentido común, y
que al final eso prima. No se pueden tolerar ciertos comportamientos,
aun a pesar de perder el apoyo de una parte de la sociedad, y ahí
Valls ha estado acertado.
La
respuesta del otro principal partido del país, el conservador UMP,
ha ido a favor de la decisión tomada por el ministro. No es de
extrañar, ya que Jean – François Copé, líder de la formación,
es judío. El único partido que está en contra, como ya se ha
señalado, es el FN, y no es de extrañar, ya que desde un punto de
vista político, esta acción contra Dieudonné Mbala está
encaminada a impedir que algunas ideas no deseables cundan en el
electorado francés desengañado por la crisis.
Las
generaciones que hemos tenido la suerte de nacer cuando la Segunda
Guerra Mundial y las tensiones de aquel conflicto bélico ya habían
pasado hace mucho tiempo no debemos perder de vista las situaciones y
comportamientos que desembocaron en aquel conflicto internacional.
Conductas como la frivolización del saludo nazi “para provocar”,
la justificación de los crímenes franquistas “porque forma parte
de la historia de España”, y demás despropósitos no tienen
cabida en una sociedad civilizada y moderna.
La
única solución pasa por tipificar como delitos la apología de los
regímenes como el de Hitler, el de Franco y el de Stalin. Es
lamentable tener que llegar a este punto, pero ante la ligereza e
irresponsabilidad de aquellas personas que no vivieron aquella época
y que faltan al respeto a las víctimas de esos totalitarismos no
queda otra alternativa. La lucha contra el antisemitismo es una
asignatura pendiente en Europa, y el gobierno de Francia ha dado
pasos en la buena dirección.
El
laborismo sin Blair
Hace casi 17 años,
un joven abogado de Edimburgo criado en Newcastle, llamado Tony
Blair, infligió una considerable e innegable derrota al primer
ministro John Major, y puso fin a lustros de poder de los
conservadores bajo la bandera del New Labour. Hoy, a un año de una
nueva cita electoral, los socialdemócratas se preparan para regresar
al poder, con una nueva cara, Ed Miliband, como principal atractivo.
El 'tory' David
Cameron es el líder político del país desde 2010, cuando un
acuerdo con los liberal- demócratas de Nick Clegg le aupó a la
presidencia del Consejo de Ministros de Su Majestad, expulsando del
10 de Downing Street al laborista escocés Gordon Brown, que abandonó
la calle del gobierno en una escena muy fotografiada, de la mano de
su esposa Sarah y de sus dos hijos de corta edad. La victoria de
Cameron devolvió a los conservadores gran parte de la cuota de poder
que perdieron a partir de la segunda mitad de los noventa.
Sin embargo, tras 4
años de gobierno, Cameron ha ido perdiendo poco a poco todo su
apoyo. Las próximas elecciones europeas serán un termómetro de
cuán dañada está la presidencia conservadora. De momento, las
encuestas señalan que los 'tories' pueden incluso perder el segundo
puesto en esa votación, ante el empuje del euroescéptico y
populista UKIP, el partido de Nigel Farage, que sin embargo no
amenazaría la cómoda ventaja laborista. Los conservadores fueron
capaces de mantener la alcaldía de Londres, gracias al carisma de
uno de sus políticos más valorados, Boris Johnson, pero se
desangraron en el resto del reino.
Tras la corta
derrota de 2010, los laboristas hicieron algo modélico, y eso fue la
correcta gestión del fin del blairismo. Se celebraron unas
elecciones primarias, a las que se presentó media docena de
candidatos, y que se resolvió en una segunda vuelta entre hermanos.
David y Ed, hijos del filósofo marxista Ralph Miliband, resolvieron
el asunto familiarmente. Pese a que el mayor, David, era el favorito,
ganó Ed Miliband, que se convirtió en líder de la oposición
laborista.
Pese al poco carisma
que parecía tener el elegido líder, Ed Miliband se convirtió en el
azote de David Cameron. Las sucesivas citas electorales animaron a
los laboristas, que ataron sus buques insignias, como Leicester, y
fueron consiguiendo otras victorias importantes. La ventaja laborista
fue consolidándose, y actualmente es de más de 5 puntos. Muy
probablemente, Ed Miliband será el próximo primer ministro de Gran
Bretaña.
Sin embargo, Cameron
puede tener todavía una tabla de salvación, la gestión del
referéndum independentista de Escocia este año. El apoyo a esta
secesión se reduce cada día más, y consciente de esto, el
'premier' autorizó la consulta. Se verá cuál es el resultado de
esta votación, y cuál es la reacción de ambos políticos. Puede
cambiar todo.
En el laborismo de
hoy, la figura de Tony Blair despierta cada vez menos apoyos
encendidos, como solía. Es cierto que el blairismo y la Tercera Vía,
la misma que llevó a Bill Clinton a la presidencia de los Estados
Unidos, devolvieron al laborismo al poder después de todos los años
en que la primera ministra fue Margaret Thatcher, pero la actitud del
primer ministro en el conflicto de Irak, aliándose con las tesis de
Bush, y mintiendo a la nación, fue demasiado. Sin perder de vista lo
que hizo Blair, el Partido Laborista debería construir un nuevo
modelo para llevar a Ed Miliband a la presidencia del gabinete.
Ed Miliband, por su
parte, debe esforzarse para no ser primer ministro por defecto, por
el desgaste de la coalición entre 'tories' y LibDems, sino por sus
propios medios. Le hará falta más que el desgaste de Cameron para
ganar. Los laboristas deberían hacer un doble trabajo: por una
parte, redactar y presentar un programa, al modo de "New Labour,
better Britain"; y por otra, publicitar a Miliband como
candidato, para darle lustre a su candidatura. Tiene mucho camino
hecho, es cierto, pero debe seguir esforzándose. Downing Street le
espera.





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