RTVV, SE APAGA
La radiotelevisión pública valenciana, RTVV, echa el cierre tras 24 años de emisiones, dejando a cientos de trabajadores en la calle. De nada ha servido la remodelación de su nombre, "Nou", para dar sensación de
modernidad hacia su imagen desde el pasado 9 de octubre, Día de la Comunitat Valenciana.
Canal 9 debe su supervivencia durante estas dos décadas a los valencianos, que han pagado alrededor de 25 euros anuales para poder mantenerla en pie. Y ahora han visto cómo ha desaparecido el servicio público hacia una información de calidad. Por ello, el esfuerzo realizado no ha sido suficiente: su televisión regional les ha dejado con una deuda per cápita de 235 euros que tendrán que ir pagando cada trabajador, jubilado, pensionista, parado y niño residente. Todos y cada uno de los habitantes. Una situación nada sorprendente si miramos a nuestro alrededor.
Aquellos que han luchado en contra de la extinción de Canal 9 achacan el problema a su mala gestión. Así mismo sostienen que, a través de una mejor organización y dirección, no sería necesario cerrar. Pero ya es tarde. Por lo que, sí, es una interesante idea aunque si solo fuera posible mantener dicha televisión pública mediante la aportación económica de la publicidad. Pero no, no nos engañemos: Canal 9 no pertenece al ámbito privado. Efectivamente, las televisiones públicas deben su supervivencia al dinero que extraen del bolsillo de todos y cada uno de los ciudadanos. Por lo que, el dinero público sí es de alguien.
Quienes ven esta cadena de televisión afirman que se caracteriza por su cercanía y familiaridad. Su mayor cuota de audiencia se situó en 1992, con un 22,5%, que continuó con un descenso progresivo hasta nuestros días. Parece que hacía falta que advirtieran sobre su futuro cierre para que la audiencia se disparara y creciera como la espuma. Y es que, en los últimos días de su cierre, la plantilla decidió emitir todo tipo de informaciones sobre Fabra y Camps.
Pero, ¿ es que sólo se debe contribuir a la causa pública cuándo está en peligro tu puesto de trabajo? Este es uno de los argumentos por los cuales los periodistas han sido criticados. ¿Por qué han hecho esto ahora y no a su debido tiempo? Dando lugar a interpretar la manipulación por la que estaba pasando la RTVV.
Y sobre los ciudadanos que defendieron su supervivencia, ¿de verdad lo desearon porque el derecho a la información es algo vital y necesario o porque les atraía más el morbo por ver qué ocurría? Lo digo por los últimos datos ofrecidos sobre el número de audiencia días antes de echar el cierre. Esto también parece dar a entender que precisamente no fue porque eran conscientes de la calidad informativa que en esos momentos estaba emitiendo la televisión, sino más bien por una venganza.
UN NUEVO CAPÍTULO
"Ley
mordaza", "mayoría silenciosa" o "mayoría
silenciada" han sido algunas expresiones que hemos escuchado a
lo largo de esta semana. Todo por el anteproyecto de Ley de
Seguridad Ciudadana, la cual, después de numerosas críticas
recibidas por parte de numerosos colectivos políticos, sociales y
hasta el Sindicato Unificado de la Policía (SUP) ha sido modificada
en cuanto a las sanciones por el Ministerio del Interior presidido
por Jorge Fernández Díaz. Pero dichas modificaciones siguen
suscitando polémica.
Una
vez suavizadas las sanciones, las infracciones muy graves se reducen
en un tercio, estando multadas desde los 30.001 hasta los 600.000
euros. Entre ellas, desaparecen de esta tipificación las protestas
no comunicadas frente al Congreso de los Diputados u otras altas
instituciones del Estado para pasar a la categoría de infracciones
graves. Así como las manifestaciones públicas a través de
cualquier medio de difusión.
Sí se
encuentran en las sanciones tipificadas como muy graves la
perturbación de la seguridad ciudadana en actos públicos,
religiosos, deportivos u otras reuniones numerosas; las protestas no
comunicadas o prohibidas ante infraestructuras como centrales
nucleares o aeropuertos o las manifestaciones coactivas desde que
finalice una campaña electoral hasta que concluya la jornada.
Dicho
todo esto, según el anteproyecto, quedarán menos de diez
infracciones consideradas muy graves (frente a las 21 del primer
borrador), una treintena de infracciones graves y casi veinte leves. Sin
embargo, esta futura ley persigue la represión de los ciudadanos
así como de las nuevas formas de protesta. Porque quienes
protestan, esa minoría ruidosa, se han convertido en una categoría
central del actual Gobierno. No les gusta que cuestionen sus
políticas y por ello lanzan esta represión directa a través de la
Ley de Seguridad Ciudadana o la restricción del derecho de huelga
argumentando a la repetida seguridad ciudadana, la que trata de
proteger el derecho a la libertad en democracia como a la libertad
de expresión.
Por
eso, esta ley es un instrumento para impedir y reprimir dichas
protestas ciudadanas a partir del miedo y, por ello, puede contener
artículos inconstitucionales. Respecto a la pregunta que suscitó
el SUP, como comentaba al principio, sobre "¿por qué
se sacan estos supuestos, al parecer, del código penal y se
trasladan a infracciones administrativas?"
considero que merece una reflexión.
Es
sabido que las multas sancionadoras suponen un peso económico mayor
para las arcas de las Delegaciones del Gobierno (vuelven a sacar
dinero de donde sea, mientras que no hacen una ley para castigar a
los numerosos corruptos españoles). Y, dichas sanciones
administrativas pueden alcanzar a muchas más personas así como ser
impuestas por la citada Delegación, sin un control judicial previo.
Es decir, desde la vía penal eres presuntamente inocente hasta que
se demuestre lo contrario, pero con esta nueva forma estás multado
y acusado sin probar nada antes por una decisión policial que puede
carecer de garantía democrática a diferencia de los jueces,
quienes son independientes y saben las leyes.
Junto
con esto, el proceso no ha acabado aquí. Y es que, para recurrir a
las multas impuestas se deberá pagar unas tasas de hasta 2.750
euros aparte del gasto económico que conlleva el abogado y los
procuradores. Mientras que penalmente, si el juez dictaba inocencia
quedabas en libertad y sin cargos.
Por
otra parte, la llamada Ley mordaza puede reforzar el corporativismo
y la impunidad policial en cuanto a la medida que suprime las
grabaciones y las difusiones de imágenes de agentes en el ejercicio
de sus funciones. Ello supone una forma de censura para que el
ciudadano pueda obtener información veraz y pruebas en cuanto a las
actuaciones policiales ilegales.
Este
anteproyecto de ley, que ya ha pasado su primera lectura por el
Consejo de Ministros, puede quebrantar la seguridad jurídica, el
derecho de manifestación y la libertad de expresión en una
sociedad democrática así como afectar a todos los derechos
colectivos (como la huelga y la reunión) que, de aprobarse, pueden
quedar perturbados si se hace una exteriorización pública.
Y todo
este nuevo capítulo porque los ciudadanos, quienes dieron su voto
al actual Gobierno, están sufriendo la pérdida de sus derechos
sociales, su trabajo, su casa, condenados a vivir endeudados y bajo
una precariedad insoportable, y el Gobierno pretende sofocar estas
contestaciones ciudadanas, que cada vez recorren más calles
españolas en defensa del Estado Social que les están arrebatando.
¿EN QUÉ REALIDAD
VIVIMOS?
Llevamos
tiempo escuchando mensajes optimistas y esperanzadores en cuanto al
ámbito económico. Por lo que parece que existe un ambiente de
euforia en los círculos económicos, financieros y políticos
basado en la percepción de que la Eurozona se está recuperando y
dentro de dicha recuperación, la economía española también está
saliendo del hoyo. Pero, ¿de verdad es esto cierto?
Todas
aquellas voces que apoyan y afirman este ambiente son las de
determinadas autoridades que han presionado más por las políticas
de austeridad (recortes de gasto público y social, disminución
de las pensiones y reducción de los salarios) porque argumentan
esta recuperación, en la correcta aplicación de tales políticas
impuestas, ya que, en ninguno de los países pertenecientes a la
Eurozona, los partidos gobernantes han establecido esta ruta dentro
de su programa electoral.
Las
autoridades nombradas son muchas pero concreto en unas cuantas: el
Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao
Barroso, afirmó el pasado 11
de septiembre que "los últimos datos económicos muestran que
los sacrificios realizados hasta ahora están dando sus frutos";
el Ministro de Finanzas del gobierno alemán, Wolfgang
Schäuble, declaró al
periódico Financial
Times
el pasado16 de septiembre que "lo que estamos ahora viendo es
lo que ya dijimos que ocurriría. Las políticas fiscales y las
reformas estructurales están llevándonos a esta recuperación,
habiendo sembrado las bases para un crecimiento económico estable";
así mismo el Ministro de Economía y Competitividad, Luis
de Guindos,
también declaró al mismo medio de comunicación el 4 de septiembre
que "España ya comienza a ver el fruto de nuestras políticas";
por último, en una entrevista para la cadena pública de televisión
del Gobierno de la Generalitat TV3, el catedrático de Economía
Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, Josep
Oliver Alonso,
indicó que "la economía española crecerá el próximo año
fiscal un 1,3%", dando una estimación mayor que la proyectada
por el propio Gobierno, en un 0,7 %, y gracias, de nuevo, a las
medidas de austeridad y a las reformas del mercado laboral.
Sin embargo, debemos entender qué está ocurriendo con la
aplicación de dichas políticas en los países de la Eurozona
aunque anuncien mejoras y perspectivas más positivas porque la
realidad es mucho más cruel y así lo muestran los datos: el PIB de
la Eurozona ha bajado un 13% respecto a su tendencia previa a la
crisis.
Esta
pérdida de riqueza en la Eurozona y en los países que la
constituyen (España, Irlanda, Italia, Grecia, Portugal...) además
de ser enorme, ha sido causada por estas medidas que podrían
haberse prevenido si se desarrollaba otro modelo de expansión como
ocurrió en las crisis del New Deal en EEUU con el Presidente
Roosevelt o al final de la II Guera Mundial con el Plan Marshall.
Las
consecuencias ocasionadas han sido un enorme crecimiento del
desempleo, una gran caída de los salarios así como una gran
reducción de la demanda debido a la creciente pobreza que se está
instalando en las sociedades a causa de los recortes laborales y
sociales. Tal desempleo queda reflejado en la Eurozona con una
subida de un 12%.
A esta
situación se suma un grave problema: el desempleo juvenil con un
56% en España. En este sentido, las voces que afirman que las
pensiones no se podrán pagar porque hay demasiados ancianos y pocos
jóvenes, apoyan políticas con un gran paro juvenil, ya que el
mayor problema para sostener las pensiones no se trata de la escasez
de jóvenes, sino de la escasez de puestos de trabajo así como de
la precariedad y de la baja retribución salarial para ellos.
Las
justificaciones ofrecidas para llevar a cabo estas políticas
neoliberales han sido el incremento de la competitividad, las
exportaciones y la estimulación de la economía. Pero como podemos
ver, Irlanda ha recuperado su competitividad y ha aumentado sus
exportaciones, en cambio su crecimiento económico está estancado
porque los países periféricos no pueden salir de la crisis a base
de exportaciones (como también ocurre con España).
El
motivo es que el mayor problema de estos países es la falta de
demanda doméstica que está relacionada con el nivel
salarial, la tasa de ocupación y el gasto público. Por lo que
si estas variables no mejoran, las economías no se recuperarán por
muchos mensajes positivos, esperanzadores y optimistas que se
encarguen de lanzar para proyectar una buena imagen.
Con
todo esto a día de hoy nos encontramos con dichos problemas
económicos, sociales y humanos (Cruz Roja ha hablado de drama
humano entre los españoles) que las políticas actuales están
empeorando. Por lo tanto, el supuesto crecimiento económico
que se prevé está muy por debajo del que debería estar para
resolver tales cuestiones. Vivimos en una realidad ignorada y en la
mayoría de las ocasiones ocultada.
Tanto es así que de 1997 a 2009, cerca de un 50% de los españoles pensaban que las Administraciones Públicas hacían "muchos" o "bastantes" esfuerzos para luchar contra el fraude, un porcentaje que continuó bajando al 30% en 2010 y hasta el 16% en 2012. Para este año se ha producido un récord histórico al alcanzar el 88% de los que creen que "los impuestos no se cobran con justicia".
Una
de esas cosas es el número de casos conocidos de corrupción por
nuestros queridos
altos representantes, por las grandes personalidades, que han dado
lugar a una creencia sobre estas prácticas no éticas generalizada
e impune porque vemos que pocos son los castigos justos que se
merecen. Todo esto unido, como no, a la desconfianza que sentimos
hacia los políticos sean del bando que sean porque todos se suman
al bote.
Otro
aspecto que está pesando en España es la creencia sobre la salida
de la crisis, cuanto menos dudosa y eso sí, indudablemente a costa
de los más desamparados y de las clases, que poco a poco van
convirtiéndose cada vez, en clases sociales medias bajas. Quienes
afirmen lo contrario, porque les cueste, estamos retrocediendo en la
educación y en la sanidad, dos servicios básicos que han costado
conseguirlos a base de mucho esfuerzo por generaciones pasadas y
ahora su detrimento es patente. La justicia tampoco se salva ya que
ha sido copada por el poder político y sus relaciones con éste son
más que clarificadoras. Como ejemplo tenemos a Gerardo Martínez
Tristán, que fue recién elegido vocal del Poder Judicial a
propuesta del PP y casado con
una consejera del Gobierno del PP en Castilla-La Mancha
(antigua alto cargo de la Comunidad de Madrid).
A
lo largo de este año nos hemos cansado de repetir que los derechos
de los trabajadores han sido gravemente violentados así como,
actualmente con la nueva ley del aborto, el cuerpo de las mujeres.
Tampoco la confianza en los sindicatos ha sido respaldada en su
mayoría, ya que, está desapareciendo poco a poco.
DESMONTANDO
EL ESTADO DE BIENESTAR
La
legitimidad del Estado de Bienestar está en tela de juicio en
tiempos como los que nos encontramos actualmente debido a las
políticas de austeridad que los gobiernos occidentales están
imponiendo, las cuales, atacan al gasto público y social, a las
pensiones, a la reducción de los salarios, a la falta de empleo...
y a un largo etcétera a pesar de "ser un logro irrenunciable
en España" según afirmaba el Presidente del Gobierno, Mariano
Rajoy en una entrevista el pasado 8 de diciembre.
No
olvidemos que el Estado de Bienestar proporciona un sistema
universal basado en ofrecer servicios básicos de alta calidad a
todos los ciudadanos y reducir enormemente la pobreza mediante una
redistribución de los recursos desde los grupos con mayores
ingresos hacia aquellos que carecen de ellos, aunque pongo en duda
esa calidad y esa reducción de la pobreza.
Sin embargo, no voy a tratar la aplicación de estos objetivos porque considero que existe un problema más grave que va adquiriendo cada vez más importancia según avanza el tiempo para la sostenibilidad de dicho estado: aquel relacionado con la confianza de los ciudadanos en aquellas personalidades encargadas de gestionar todos los programas que ofrece un buen Estado de Bienestar.
Sin embargo, no voy a tratar la aplicación de estos objetivos porque considero que existe un problema más grave que va adquiriendo cada vez más importancia según avanza el tiempo para la sostenibilidad de dicho estado: aquel relacionado con la confianza de los ciudadanos en aquellas personalidades encargadas de gestionar todos los programas que ofrece un buen Estado de Bienestar.
Todos
confiamos en que los gobernantes no cambiarán los criterios de
financiación y actuación con los que se presentan y convencen a
una población de una realidad que meses después no será como lo
habían imaginado así como en que destinarán los impuestos con que
todos contribuimos a las prioridades de la ciudadanía. Pero este
aspecto se encuentra en un panorama oscuro y por ello se convierte
en un problema cuando vemos que la seguridad en la voluntad del
Estado por acabar con el fraude fiscal, por ejemplo, se ha
desplomado.
Tanto es así que de 1997 a 2009, cerca de un 50% de los españoles pensaban que las Administraciones Públicas hacían "muchos" o "bastantes" esfuerzos para luchar contra el fraude, un porcentaje que continuó bajando al 30% en 2010 y hasta el 16% en 2012. Para este año se ha producido un récord histórico al alcanzar el 88% de los que creen que "los impuestos no se cobran con justicia".
SE ACERCA EL FIN DE AÑO
2013
se nos va de las manos. Ya faltan tan solo seis días para decir
adiós a este pésimo y horrible año porque España ya no es lo que
era como en aquellos tiempos donde reinaba la felicidad por todos
los lados. Ahora se ha convertido en un país triste y resignado por
todo lo que está cayendo encima de él, desgraciadamente en sentido
negativo.
Fuertes
dolores de cabeza sigue trayendo y aumentando la independencia de
Cataluña que sigue en
sus trece
y tampoco vemos ninguna solución. El papel de la monarquía así
como su máximo exponente, el Rey Don Juan Carlos, están dejando
mucho que desear según avanza el tiempo aunque una parte de la
sociedad siga defendiendo su institución. Se llega a la conclusión
de que si se imputara a la infanta Cristina sería por ser quien es,
cuando debería ser justo al contrario, ya que si no se la imputase
sería por ser quien es. Muy lógico todo en las cuestiones que
corresponden a la justicia. Como la prohibición que se les ha
impuesto a los detenidos por participar en la manifestación del
14-D de no acercarse al Congreso de los Diputados cuando se trata
del órgano institucional que representa al pueblo español o la
decisión sobre los correos de Miguel Blesa al considerarlos que
pueden afectar a la intimidad del exbanquero y por ello deben ser
secretos cuando abarcan a la economía de los españoles.
Otra
cuestión para analizar es el escándalo y el fraude de la luz,
cuando la energía es un producto de primera necesidad para la vida
y vemos cómo hay familias a quienes se les ha cortado este servicio
por no tener suficiente dinero para pagar las facturas. Por lo
tanto, con todo esto, ¿qué debe pasar para que ocurra una rebelión
social? Porque hambre ya hay una parte de la población que está
padeciéndola y otra que va de camino en un país lleno de
estafadores, parados y jubilados. Porque no basta con decir que todo
está bien o está mal y conformarnos con esto, es decir, por la vía
fácil.
Pero
para aquellos once millones de españoles que votaron por el actual
Gobierno, ¿querían esta España? y sobre todo, ¿están conformes,
no se arrepienten? Parece ser que lo justifican y están de acuerdo
con estos horrores porque no los cuestionan, si no que los apoyan,
ya sea en silencio o en activo. Por ahora lo que puedan hacer el
resto de personas es una pregunta irresuelta para este fin y
principio de año.
EMPEZAMOS BIEN EL
AÑO
Parece
ser que tenemos que aplaudir la noticia sobre la bajada del número
de parados con la cual nos hemos levantado esta mañana pese a que
la cifra de personas sin ningún tipo de trabajo queda registrada en
4.701.338
desempleados a cierre de 2013, según los datos publicados hoy por
el Ministerio de Empleo y Seguridad Social.
Pero
este no es el único caso que tenemos en España y que está
afectando a los miles de españoles. Junto con esta excesiva cifra
que refleja la pésima situación laboral, comenzamos un nuevo año
más, con los salarios congelados, para aquellos afortunados que
mantengan un puesto de empleo, pese a la disminución ya sufrida
durante estos últimos recortes. Por lo que pocos son quienes se
esperan un inicio de año nuevo con una subida de sueldo. Una actitud
que ya ha pasado a la historia. Unido a las nuevas tradiciones como
son el aumento de la tarifa de la luz, del transporte público y del
agua. Sin tener en cuenta, de momento, la costumbre de producirse
nuevas subidas durante el año.
Terminamos
el 2013 con la polémica subasta eléctrica que amenazaba con
incrementar el recibo de la luz un 11%, estableciéndose un coste
muy por encima de la media europea y situándose como la tercera
electricidad más cara de Europa. Aquí algo fallaba. Finalmente, el
Gobierno intervino y sin creerlo puso freno por decreto urgente.
Algo raro en su actitud. Porque como vemos, si el Partido Popular
quiere, el PP puede. Pero generalmente no es así. Y en este caso da
a entender que no hay mucha voluntad de ir contra los intereses de
las multinacionales de turno. Y ahora, esta subida queda establecida
en un 2,3%. Esperemos que a pesar de ello, se mantenga.
El
precio del transporte público registra otro aumento un año más,
convirtiéndose en otra de las estafas tradicionales y
características de este 2014. Se incrementa el precio del tren en
casi un 2%, una cifra que por mucho o poco que sea, tendrá que
tenerlo en cuenta nuestros bolsillos y carteras. Sin embargo, para
todos aquellos usuarios que suelan viajar en AVE, un servicio "tan
frecuente" entre la mayoría de los ciudadanos, no verán más
caros los precios de los billetes porque se mantienen como están.
Mientras,
el salario mínimo interprofesional sigue congelado, en la misma
línea que el año pasado, con unos insuficientes 645 euros
mensuales a diferencia de Luxemburgo, por ejemplo, quienes cuentan
con 1.874 € mensuales, e incluso, para gente con titulación, aún
lo ve aumentado. Por otra parte, los funcionarios ven aún más
escasa su retribución y por cuarto año consecutivo su sueldo sigue
bajo cero, es decir, cobrando lo mismo que en 2010. Los
pensionistas, esos más de diez millones de jubilados que trabajaron
durante toda su vida, no tendrán sus pensiones revalorizadas en
función del IPC, sino muy por debajo de éste y sólo aumentarán
en un mísero 0,25%, el mínimo establecido por el Gobierno. Como si
eso fuera a dar para mucho.
Por
lo que, hemos entrado en el 2014 pero un poco más pobres. Porque
nuestro nivel adquisitivo disminuye paulatinamente, mientras que
para unos pocos esta situación les favorece. Pasan los años y cada
vez tenemos menos. La pobreza no es un hecho inusual, sino que se
está normalizando. Antes, ser mileurista estaba "mal visto"
y ahora si ofrecen trabajos por esa cantidad de dinero, llueven las
demandas y los currículums. Y con todo esto, nuestro presidente del
Gobierno, tiene la suficiente garra de afirmar que con este 2014
llega "el inicio de la recuperación". Claro, como a él
no le falta ni le faltará.






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